Al escuchar la conversación entre Alejandro Gaviria y Francisco de Roux en ‘Día Paíz: Cátedra de paz, Colombia enfrentando la verdad’ sentí la necesidad de escribir algo ilusorio frente al momento histórico que atravesamos en nuestro país.
El acuerdo de paz nos ha permitido ser conscientes de los agravios sufridos por el conflicto eterno entre Las FARC y el Estado, sus daños colaterales y las penurias que trajo a diferentes poblaciones vulnerables a estos hechos violentos.
Tengo la esperanza de que el discurso guerrerista quedará a un lado con el paso del tiempo, la historia colectiva será parte esencial en la educación de cada colombiano y las diferentes instituciones inmiscuidas en el esfuerzo por la paz aportarán su respectivo grano de arena para que los mitos alrededor de la verdad sucumban reemplazados por sensatez y aceptación.
Gaviria toca un punto muy importante al decir que Colombia necesita una narrativa más esperanzadora, un discurso que deje a un lado el pesimismo que ahonda la tristeza de haber nacido en una nación que aún no ha aprendido a trabajar en unidad, con la intención de alcanzar objetivos que aporten al bien común.
Por otro lado, De Roux comenta sobre la dificultad que ahoga a los colombianos cuando se trata de afrontar los hechos y, por consiguiente, la existencia de una cantidad de asuntos sin resolver, lo cual vuelve mucho más compleja la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz estable y duradero. Es poético, incluso, resaltar estos vestigios de negacionismo y facilismo característicos de la personalidad colombiana.
Allí, en esos puntos descritos con anterioridad, despierta una paradoja bellísima por su complejidad: ‘La memoria no es la verdad’. Pues bien, lo dice De Roux: “No somos culpables de nuestra memoria”. Es por ello, que debemos ser conscientes de la difícil tarea que representa para la humanidad enfrentarse a los hechos más cruentos de su historia, pero serán los buenos resultados de esa tarea juiciosa y disciplinada, el eje de la paz que tanto buscamos en nuestro territorio.
Es responsabilidad de cada uno de nosotros, aportar desde su contexto a la construcción de una nueva sociedad y un nuevo contrato apoyado en las bases de la tolerancia, el respeto y el cariño que nace de pertenecer a una nación con tanto futuro por delante. El único objetivo de estas palabras es dar a conocer las esperanzas de un joven que quiere ver a su país luchar por objetivos comunes y prósperos, que permitan a cada colombiano y extranjero sentirse orgullo del territorio que ocupan, con oportunidades, trabajo, educación y diversidad de variables que fomentan una mejor calidad de vida.
¡Avancemos, necesitamos superar el statu quo de la guerra!
Por: Juan Camilo Quiroga Ortiz
Absolutamente de acuerdo con el columnista, hacernos responsables y aportar desde nuestra posición para avanzar.
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