El autoritarismo y desconexión de nuestra clase política.
El país vive en estos momento una de las peores crisis sociales, económicas y políticas de los últimos 50 años, el coronavirus a propagado un pánico exorbitante y ha impulsado a que el gobierno nacional como diversos gobiernos distritales tomarán un control total en las vidas y decisiones de los individuos.
En los primeros meses fueron acciones totalmente legítimas, la sociedad entendía el contexto por el que pasaba país y permitió que los gobernantes decretaran un sin número de restricciones con el argumento de “bajar la velocidad de contagio y así poder preparar el sistema sanitario del país”, hoy después de 5 meses Colombia se posiciona en el séptimo puesto de países con más casos de Covid - 19 en el mundo y en los primeros puestos en donde la cuarentena fue más extensa.
En el recorrer de los últimos meses vimos como gobernadores imponínan medidas con tintes autoritarios, como lo fueron los toques de queda, el pico y cédula, el pico y género y hasta como sucedió en Medellín llegaron a prohibir el tomar bebidas alcohólicas dentro de los propios hogares, ¿cómo regularían a la población?, solo ellos lo saben. A partir de ahí yo me pregunté: ¿Acaso el virus es más peligroso después de las 8 pm?, ¿es un virus que ataca selectivamente por sexo o género?, ¿tiene preferencia por personas que se hayan tomado una copa de vino dentro de sus casas?. Muchos por no decir todos los gobernantes han creído ser un tipo de Dios o superhombre que no solo es capaz sino tiene la potestad divina de controlar y regular toda acción humana durante la pandemia, creyendo que con medidas absurdas podría evitar la propagación del virus o peor aún, creer que porque estaba escrito en un decreto iba poder ser realizable, porque si fuese así la mejor manera de eliminar el coronavirus sería redactandolo en un decreto presidencial.
El camino que tomaron muchos gobiernos en medio de esta pandemia también fue darle prioridad a la persecución de ciudadanos del común por parte de las autoridades policiales, en vez de darle seguimiento y captura a los grupos criminales que se han tomado poco a poco el control de barrios y localidades en los últimos meses como es en el caso bogotano. El policía dejó de perseguir delincuentes y le dio prioridad a perseguir y multar a quien tuviese mal puesto el tapabocas o al individuos que saliera a hacer ejercicio a las 6 am cuando nadie más se encontraba en la calle y; sin mencionar la persecución estatal que al día de hoy siguen viviendo los comerciantes, tenderos, restaurantes y vendedores ambulantes como si se tratara de igualar el trabajo honesto con un acto criminal, la vulneración al derecho al trabajo no ha tenido límites en esta pandemia. Los gobernantes se olvidaron que sin trabajo no hay comida, y sin comida tampoco hay vida.
Patrullas enteras acompañadas de motorizados y camionetas fueron destinadas a estas persecuciones, a vigilar a cada ciudadano, a cada uno de sus movimiento y a restringir cualquier tipo de individualidad de este, a homogeneizar a la sociedad como si se tratase de seres inertes, y ellos, los gobernantes los dueños de cada una de esas vidas, con sus sueldos fijos y vidas acomodadas no fueron capaces de darse cuenta del mal que le han hecho a la sociedad en un mediano y largo plazo, el hambre que han causado, los derechos fundamentales que ha violado en el camino, los comercios que han destruido de por vida y sin olvidar las enfermedades mortales que serán diagnosticadas con tardanza porque al día de hoy no son prioridad en los hospitales.
La dualidad entre economía y la vida fue la base propagandista al momento de restringir el trabajo formal, la inocencia o ignorancia de creer que la economía se “levanta” después, como si se tratara de un juego, creer que la vida y calidad humana no dependen de una buena economía solo refleja el nivel de desconexión que existe entre la clase política y los ciudadanos de a pie, hoy colombia vive sus consecuencias, millones de empleos perdidos y miles de empresas que dejaron de existir, 1,6 millones de familias dejaron de consumir tres comidas al día según el DANE y, todavía lastimosamente no sabemos cómo terminará esta historia.
Las sociedad debe estar unida en el momento más complejo
y más incierto de los últimos años, pero no bajo las órdenes autoritarias de un
gobierno de turno, sino cobijado en el respeto y la autodeterminación del otro,
bajo acuerdos comunes y comunicaciones horizontales en donde la base no sea el
autoritarismo policial, sea más bien la pedagogía bien fundamentada y no la
demagogia para elevarse en las encuestas, y también una sociedad en donde la
ciencia no sea usada de manera arbitraria como excusa para restringir las
libertades individuales y derechos fundamentales. Debemos construir un país en
donde exista una balanza en equilibrio, y de esta manera el diálogo horizontal
entre los gobiernos y los ciudadanos sean pilares de la sociedad del hoy y del
futuro.
Juan David Palacio.
Twitter: @JuanPalacioM96
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